Un fenómeno preocupa al mundo: el calentamiento global y su efecto directo, el cambio climático, que ocupa buena parte de los esfuerzos de la comunidad científica internacional para estudiarlo y controlarlo, porque, afirman, pone en riesgo el futuro de la humanidad.
¿Por qué preocupa tanto? Destacados científicos coinciden en que el incremento de la concentración de gases efecto invernadero en la atmósfera terrestre está provocando alteraciones en el clima. Coinciden también en que las emisiones de gases efecto invernadero (GEI) han sido muy intensas a partir de la Revolución Industrial, momento a partir del cual la acción del hombre sobre la naturaleza se hizo intensa.
¿Por qué preocupa tanto? Destacados científicos coinciden en que el incremento de la concentración de gases efecto invernadero en la atmósfera terrestre está provocando alteraciones en el clima. Coinciden también en que las emisiones de gases efecto invernadero (GEI) han sido muy intensas a partir de la Revolución Industrial, momento a partir del cual la acción del hombre sobre la naturaleza se hizo intensa.
¿Qué podemos hacer para frenar el cambio climatico?
En realidad reducir la emisión de CO2 y colaborar para mantener en mejores condiciones a nuestro planeta, por ejemplo:
Evitar el uso de la electricidad para calentar, ya sea para calentadores o termotanques, calefactores, cocinas, etc. El desperdicio energético es enorme (más del 70% se pierde en el camino) y además se trata de una opción costosa. En lo posible, recurrir al gas natural (si la crisis energética lo permite) y también considerar la posibilidad de instalar calentadores o termotanques solares, que son una opción cada vez más interesante y a la larga resultan económicos.
Desenchufar los aparatos eléctricos que no estén en uso. Muchos electrodomésticos, incluso las computadoras, consumen electricidad aunque estén apagados. De hecho, en Estados Unidos se facturan más de mil millones de dólares anuales en la electricidad de aparatos apagados. Sólo basta con conectarlos a un toma múltiple con interruptor, que podremos apagar mientras no necesitemos esos aparatos.
Evitar el consumo excesivo de energía tanto para calefaccionar como para enfriar la casa. Revisar todos los aislamentos, tapar huecos o grietas por donde puedas escaparse el calor o el frío, especialmente en puertas y ventanas. Usar ventiladores de techo conjuntamente con el aire acondicionado, y no colocar los termostatos a temperaturas demasiado bajas ni demasiado altas.
Se estima que el 11% del consumo de energía en el hogar está dedicado a la iluminación. El uso de lámparas de bajo consumo optimiza muchísimo este aspecto, favoreciendo el ahorro de electricidad y espaciando los períodos de recambio de lámparas. La adopción de sensores de movimiento para el encendido y apagado automático de las luces en algunos lugares de la casa también representa un ahorro considerable.
Utilizar aparatos que cumplan con la norma Energy Star de bajo consumo (especialmente, electrodomésticos y computadoras). El ahorro de electricidad es significativo, al aumentar drásticamente la eficiencia de este tipo de aparatos.
Los refrigeradores representan un caso especial, ya que es un electrodoméstico que está prendido constantemente y que consume una buena cantidad de electricidad. A la hora de comprar un refrigerador, es importante comprobar que cumpla con la norma IRAM de máxima eficiencia energética (etiqueta de color verde).
Preferir los productos envasados en vidrio antes que en plásticos; evitar en lo posible los alimentos fraccionados en empaques de telgopor o poliestireno expandido para desalentar la producción de esos materiales. Pedir bolsas de papel en los supermercados en lugar de bolsas plásticas, hasta que por insistencia de los clientes algún día se decidan a adoptarlas.
Caminar más, andar más en bicicleta para distancias más largas, tratar de utilizar los transportes públicos siempre que sea posible, compartir viajes con vecinos o amigos para ir a trabajar o llevar los chicos a la escuela. Es bueno para nuestra salud y nuestra vida social.
Aprovechar al máximo el papel en las impresoras, imprimiendo en ambas caras de cada hoja antes de tirarlas a la basura. Utilizar cartuchos de tinta o tóner reciclados y papel de menor gramaje.
Como pueden ver, se trata en su mayoría de prácticas que además de beneficiar al ambiente, tienen un beneficio directo para quienes las adoptan.
Evitar el uso de la electricidad para calentar, ya sea para calentadores o termotanques, calefactores, cocinas, etc. El desperdicio energético es enorme (más del 70% se pierde en el camino) y además se trata de una opción costosa. En lo posible, recurrir al gas natural (si la crisis energética lo permite) y también considerar la posibilidad de instalar calentadores o termotanques solares, que son una opción cada vez más interesante y a la larga resultan económicos.
Desenchufar los aparatos eléctricos que no estén en uso. Muchos electrodomésticos, incluso las computadoras, consumen electricidad aunque estén apagados. De hecho, en Estados Unidos se facturan más de mil millones de dólares anuales en la electricidad de aparatos apagados. Sólo basta con conectarlos a un toma múltiple con interruptor, que podremos apagar mientras no necesitemos esos aparatos.
Evitar el consumo excesivo de energía tanto para calefaccionar como para enfriar la casa. Revisar todos los aislamentos, tapar huecos o grietas por donde puedas escaparse el calor o el frío, especialmente en puertas y ventanas. Usar ventiladores de techo conjuntamente con el aire acondicionado, y no colocar los termostatos a temperaturas demasiado bajas ni demasiado altas.
Se estima que el 11% del consumo de energía en el hogar está dedicado a la iluminación. El uso de lámparas de bajo consumo optimiza muchísimo este aspecto, favoreciendo el ahorro de electricidad y espaciando los períodos de recambio de lámparas. La adopción de sensores de movimiento para el encendido y apagado automático de las luces en algunos lugares de la casa también representa un ahorro considerable.
Utilizar aparatos que cumplan con la norma Energy Star de bajo consumo (especialmente, electrodomésticos y computadoras). El ahorro de electricidad es significativo, al aumentar drásticamente la eficiencia de este tipo de aparatos.
Los refrigeradores representan un caso especial, ya que es un electrodoméstico que está prendido constantemente y que consume una buena cantidad de electricidad. A la hora de comprar un refrigerador, es importante comprobar que cumpla con la norma IRAM de máxima eficiencia energética (etiqueta de color verde).
Preferir los productos envasados en vidrio antes que en plásticos; evitar en lo posible los alimentos fraccionados en empaques de telgopor o poliestireno expandido para desalentar la producción de esos materiales. Pedir bolsas de papel en los supermercados en lugar de bolsas plásticas, hasta que por insistencia de los clientes algún día se decidan a adoptarlas.
Caminar más, andar más en bicicleta para distancias más largas, tratar de utilizar los transportes públicos siempre que sea posible, compartir viajes con vecinos o amigos para ir a trabajar o llevar los chicos a la escuela. Es bueno para nuestra salud y nuestra vida social.
Aprovechar al máximo el papel en las impresoras, imprimiendo en ambas caras de cada hoja antes de tirarlas a la basura. Utilizar cartuchos de tinta o tóner reciclados y papel de menor gramaje.
Como pueden ver, se trata en su mayoría de prácticas que además de beneficiar al ambiente, tienen un beneficio directo para quienes las adoptan.


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